Diario de Grabación: Sonidos del Jardín

Empecé a grabar un conjunto de canciones que tenía bocetadas desde hace tiempo (algunas desde hace años, otras meses y otras días). La diferencia de los tiempos con las que las canciones fueron creadas se notaba en su estructura compositiva e instrumentación.

Antes de empezar el trabajo, agrupé las canciones en conjuntos que tenían coherencia compositiva, basándome en criterios de sonoridad, estructura y estética. El resultado fue la aparición de tres grupos diferentes de canciones, por lo que pensé que el proyecto de grabarlas en una obra era forzar a las canciones de un grupo a convivir con las de otro y obtener, en definitiva, un resultado poco coherente.

Sin embargo algo cambió todo el plan. Antes de empezar a trabajar en las grabaciones dediqué un tiempo (casi forzosamente) a dejarlas descansar, a olvidarlas y pensar en otra cosa. No sólo limpié mi mente de esas canciones, sino que también de todos los trabajos musicales que había hecho durante el año (que fueron muchos y muy diferentes entre sí).

Existía, seguramente, una idea o un germen de un sonido que debía atravesar toda la obra (es decir, el conjunto de canciones que me disponía a grabar), pero yo no lo conocía ni lo estaba buscando conscientemente. Sabía que disponía de muchos recursos y herramientas para cuando empezara con el trabajo, pero no había decidido cuáles utilizar ni de qué forma. La multiplicidad de trabajos que venía realizando me llevó a tener creaciones personales completamente diferentes entre sí (influenciadas por mi propio trabajo en diferentes períodos de tiempo).

Sin embargo el momento de distanciamiento con los grupos de canciones funcionó como una especie de tamiz. El resultado me sorprendió. Voy a explicar un poco de qué hablo.

Al empezar a trabajar en el conjunto de canciones no elegí un orden particular para abordarlas ni uno de los tres grupos estéticos en particular. Hice una lista con todas a medida que las iba recordando y empecé a trabajar en esa lista. La lista alternaba canciones de diferentes grupos y etapas compositivas. Lo curioso resultó que el tiempo de distanciamiento de ellas había actuado como un tamiz. El tamiz, supongo, debe estar compuesto por todo el material que produje en los últimos años, dispuesto de alguna forma ordenada que desconozco y con un equilibrio en sus diferencias y asperezas. Los recursos se unificaron y ya no funcionan como herramientas separadas que sirven para un determinado tipo de composición, sino que están disponibles como una herramienta total y universal que, según se necesite, se amolda al trabajo que esté realizando.

El resultado de pasar las composiciones por ese tamiz es una unidad sonora y conceptual en todas las canciones, que está tomando forma sin que me lo haya propuesto. Esa forma no sólo me tomó por sorpresa sino que también me está gustando.

Hace un tiempo leí un artículo que escribió Brian Eno sobre los compositores que trabajan como arquitectos y los que trabajan como jardineros. Trabajar como un jardinero, en la visión de Eno, tiene que ver con plantar semillas e ir dejándolas crecer para ver qué formas toman y luego trabajar con eso. Creo que lo que me pasa es porque estoy del lado de los jardineros.

Por ahora todo parece funcionar. ¿Si lo hubiera planeado domo un arquitecto estaría funcionando de este modo?

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